15 de mayo de 2001

Un triste domingo de mayo

Pulse sobre la imagen para verla más grande

El bus quedó totalmente destruido por el impacto. (Foto tomada de La Prensa Libre, 30 de mayo de 1977)


Artículo principal - Edición No. 228 - Mayo de 2001

Marco Antonio Roldán

El sábado 28 de mayo de 1977, a las 2 de la tarde, un bus salió de Escazú centro rumbo a Limón, con más de 60 pasajeros a bordo, entre ellos 17 jugadores del deportivo Franklin Monestel, el cuerpo técnico, familiares y amigos de los futbolistas.

El propósito del viaje era cumplir con un partido amistoso de fútbol entre el equipo escazuceño y otro denominado Los Gemelos. El encuentro se llevaría a cabo un día después en la cancha de un lugar llamado Buffalo, unos siete kilómetros antes del centro de Limón.

El domingo 29 de mayo se efectuó el partido a las 11 a.m., y el equipo de Escazú perdió ante su rival con un marcador de tres goles a uno. Concluido el juego, los deportistas y demás acompañantes se trasladaron a Playa Bonita y Portete, donde disfrutaron de un baño en el mar, para después emprender el viaje de regreso.

El bus, que pertenecía a la línea de Escazú, y que aparentemente no presentaba ninguna anomalía, salió el mismo día de Limón a las 4 de la tarde.

Los jugadores del deportivo Franklin Monestel habían gozado de un estupendo fin de semana en la costa del Atlántico.

Para ese entonces no existía la autopista Braulio Carrillo, por lo que el bus tenía que irse por la carretera vieja que pasa por Turrialba.

Minutos de angustia

Eran la 6:30 p.m., y el murmullo de las conversaciones de unos pasajeros y el silencio de otros, se convertiría en pocos minutos en pánico y desesperación, que terminaría en el accidente de tránsito que más vidas de escazuceños ha cobrado.

Faltaban como seis kilómetros para llegar a la ciudad de Turrialba, y después de pasar por una calle en plano y llegar a una bajada, el chofer se percató que los frenos no respondían.

El conductor del autobús estaba ante una terrible encrucijada: una calle en bajada, llena de curvas, de más de un kilómetro de largo, con un paredón de tierra en el lado izquierdo y un precipicio en el derecho, y 64 vidas humanas que dependían en ese momento, de lo que él pudiera hacer.

El bus empezó a tomar velocidad y el chofer decidió hacer el cambio de marchas con el fin de disminuirla, pero no tardó en oírse el crujir de la caja de cambios rota.

En un primer momento, los únicos que conocían que el bus iba sin frenos, era la gente que viajaba adelante, pero ante la inusual velocidad que llevaba el vehículo en una calle tan peligrosa, pronto el resto de los pasajeros percibieron que algo anormal estaba sucediendo.

Entre la incertidumbre de la gente que se preguntaba que era lo que estaba pasando, alguien despejó la duda diciendo: ¡Vamos sin frenos! Inmediatamente todos los pasajeros fueron presa del pánico, por lo que unos lloraban y gritaban, y otros se encomendaban a Dios rezando.

El bus avanzaba cada vez más rápido, y con gran dificultad el chofer lograba dar las curvas. A las 6:40 p.m., luego de haber recorrido cerca de 800 metros sin frenos, la gran velocidad hizo imposible maniobrar el volante en una curva muy cerrada, y el bus se fue a un precipicio de más de 100 metros de profundidad.

El autobús voló unos 15 metros y cayó violentamente contra la superficie del despeñadero, y el aparato volcado resbaló cuesta abajo más de 75 metros, abriéndose paso a través de un cafetal que había sembrado en la ladera.

Un taxista que venía detrás del bus, y que presenció cuando éste se fue al precipicio, no podía creer lo que había visto: parecía la escena sacada de una película.

Pasarían unos minutos para que miembros de la Cruz Roja de Turrialba y voluntarios se presentaran al lugar de los hechos para proceder al rescate de los muertos y heridos.

Fallecieron un total de nueve personas, entre ellas la señora Teresita Herrera de Monestel, esposa del fundador del equipo, don Franklin Monestel Vincenzi, quien tuvo la suerte de no haber asistido al viaje.

Dos niños murieron en el trágico accidente, y de los diecisiete jugadores falleció solamente uno, el joven Manuel Antonio López Azofeifa, conocido como Pizote.

Cuarenta y cuatro personas resultaron heridas, las cuales fueron trasladadas al hospital de Turrialba, y los casos más graves a hospitales de San José.

De acuerdo con una información publicada por un diario nacional un día después del suceso, la causa que originó el accidente fue que hubo un recalentamiento fuerte en los componentes del sistema de frenos (tambores), unido al hecho de que las fibras de los mismos estaban ajustadas con cartón.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Recuerdo que estaba con mi mamá viendo tele cuando dieron la noticia, en ese momento todos en mi casa se consternaron por el accidente, recuerdo también que al día siguiente en la escuela todos hablaban del accidente yo tenia 11 años, con el pasar del tiempo y por medio del fútbol conocí a mi amigo el Dr.Gilberto Méndez Vargas ¨Tuche¨, el fue una de las personas mas afectadas y logro salir adelante a pesar de todo.
Geovanni Vargas.

Anónimo dijo...

Nunca olvidaré la angustia de mis padres al conocerse la noticia, un tío viajaba en el autobús y la incertidumbre era grande. Cuando supimos que estaba fuera de peligro, nuestras oraciones se inclinaron a los afectados y a las víctimas y sus familiares. Sin conocerlo recuerdo orar por la salud de Tuche (Dr. Gilberto Méndez) al que más tarde admiraría por ser hoy nuestro microbiólogo.

GUH

Anónimo dijo...

En aquel entonces vivía en Turrialba, y la noticia del accidente se corrió como pólvora. Muchas personas que disfrutaban de su fin de semana se hicieron presente en el centro hospitalario, la Cruz Roja y los bomberos, con el fin de ayudar a salvar vidas.
Ahí pude comprobar lo fuerte que es el sentimiento de solidaridad que habita en el ser humano y como fluye en momentos como éste.

El Informador de Escazú dijo...

Cuando publiquen un comentario con la opción ¨Anonimo¨, por favor pongan su nombre al final. Si no lo hizo, copie el comentario, agrégele el nombre y al menos un apellido y envielo de nuevo. Después me encargo de borrar el comentario anterior que no tenía el nombre. Muchas gracias.

Marco Antonio Roldán

BACHO dijo...

Minombre es Bacho,ese dia supuesta mente yo regresaba de Los angeles CA.el avion en que regresaba yo a CR tuvo un atrazo de 2 horas en Guatemala. No llegue a tiempo a Escazu para viajar con mi querido equipo Dep Monestel. Yo fui uno de los fundadores de dicho equipo y siempre en mi memoria estaran todas las personas que sufrieron ese accidente,especialmente Dna teresa que era como la mama de todos en el equipo.
Agradeciendo la oportunidad de expresarme,quiero darles las gracias.

atentamente

ALVAR MACIS (BACHO)

Minor Cervantes Loaiza dijo...

Yo fui uno de los que estuvo trabajando en el rescate de los heridos yo era miembro de la cruz roja de turrialba en esa epoca, escenas de dolor lagrimas y un trabajo que nos llevo hasta las 4 de la madrugada, jamas en mi vida olvidare este pasaje de mi vida.

« Inicio de sección